domingo, 3 de marzo de 2019

7 horas y un insecto



No hay duda que hay muchas cosas desagradables sobre la faz de la tierra, el capitalismo, la gente que escupe en la calle, los veganos o los admiradores de Rafael Nadal, sin embargo, hay una cosa que sobrepasa los cánones de lo molesto y desagradable, un ser en particular que podría hacer caer imperios enteros algo con lo que los mismo espartanos tendrían que temer y razón por la que los mayas realizaban sacrificios de sangre a sus dioses, los mosquitos, sin duda un ser salido del mismísimo Mordor, unos seres repulsivos capaces de enloquecer a cualquier ser viviente.

Una noche estaba tranquilo viendo imágenes de niños gordos en Internet y recibiendo mensajes de gente comentándome que me admira y que soy su gran inspiración en la vida, claro como no serlo, esa noche era perfecta y maravillosa, salí recoger mi cena que pedí por Uber (no globo, eso es para gente con poca clase), sin darme cuenta, uno de estos seres infernales se pego a mi cuerpo prístino y con olor a rosas y ambrosía y yo mismo lo metí dentro de mi inmaculado hogar, un grave error para ambos, ya estaba por acostarme, después de haber comido el caviar con carne de lince ibérico y huevos de dodos y haber bebido del néctar de los mismísimos dioses en mi santo grial.

Estaba acostado tratando de pensar en teorías sobre la creación del universo y en la modificación genética en fetos de cerdos, nada mejor para relajarse, cuando de repente siento un estruendo, un sonido que parecía emanar del mismísimo averno, el mosquito estaba cerca, lo sentía podía sentir su presencia con mi percepción sensorial, estaba ahí al costado mio, era mi oportunidad de atacarlo, pensaba usar mi bazooka pero decidí no hacerlo, esta era una batalla y una lucha por mi honor y no podía usar recursos tan bajos, al tratar de atacarla con mi mano con la velocidad de un puma y con la potencia física de dos Vladimir Putin, la muy capitalista había huido, pero no tenia que decaer ante ese ser tan insignificante y tan poderoso a la vez.

Estaba decidido, esa noche solo uno de los dos podía sobrevivir, inmediatamente intente encontrarlo, podía usar mis radares de calor, pero no había tiempo que perder, tenia que ser eliminada inmediatamente, luego de ya varias horas realizando una búsqueda exhaustiva y muy extralimitada, la encontré, ese insecto enfangado en sus propias heces, que parece tan insignificante y minúsculo, ahí estaba estático sin moverse, era la oportunidad perfecta y tenia que aprovecharla, tenia que usar mis reflejos de chita, tenia al costado mio mi ak 47 pero no era muy idónea para esta tarea tan importante, di varios golpes rápidos, golpes que ni siquiera podría emitir un profesional, eran golpes mortales sin embargo mi oponente era demasiado rápido, y pudo esquivar mis ataques en un movimiento fugaz, ya estaba en un punto de desesperación pero no podía rendirme, luego de varias horas mas decidí hacerme el dormido para hacer que esta se acercara a mi de nuevo, era la trampa perfecta, una trampa tan ingeniosa como un plan trazado por unos espías rusos, luego de varias picaduras y pensamientos que pasaban por mi mente sobre como ese ser podía arrebatarme la sangre azul que poseo, esta paso cerca de mi oído y en un movimiento como el movimiento de ojos que realizan los curas de la iglesia en la puerta de un colegio, logre aplastar a mi poderoso enemigo contra mi propio oído, no había nada mas que hacer, lo había logrado, luego de 7 horas de lucha infernal contra ese pequeño Hitler que trato de consumirme como si fuera un judío, que logro entrar en mi casa de una manera muy audaz, murió.

post data: luego me la comí para recuperar mi sangre perdida, esa sangre no podía caer en las manos equivocadas